Sep
5

Dolor

Transcurrido más de un mes desde mi último post y, haciendo un esfuerzo sobrehumano, transcribo hoy parte de mis impresiones en ese tiempo.

No suelo viajar pero, recientemente, he hecho un viaje corto. No por deseo propio, sino forzado por las normas de la cortesía. Y, pese a todo, agradecido, pues siempre resulta beneficioso para el espíritu cambiar el ruido de la gran ciudad por el variado colorido del camino y el sosiego del campo. Ha sido un viaje de “placer”, pero también de dolorosas constataciones.

Todos sentimos miedo. De niños nos asusta la oscuridad y los monstruos que habitan bajo nuestra cama o en lo profundo de nuestro armario. Pero como el tiempo modela el carácter del hombre, quizás mi mayor temor a día de hoy, aparte del natural a los arácnidos, sea ver a quienes amo, asustados, frágiles y dubitativos. Resulta tan dolorosa la inevitable fragilidad en la que los años, sin compasión alguna, envuelven a quienes nos han protegido toda nuestra vida. Un lento y seguro asesino que quiebra la salud del hombre para, con ello, doblegar su espíritu.

No importa el empeño que pongas; hay cosas y personas que, por muchos años que pasen, nunca cambiarán. Mi percepción de la muerte sí lo ha hecho. Donde antes había un punto final ahora hay un punto y seguido, y mi amor por los que toda mi vida me han cuidado y protegido se ha visto acrecentado y fortalecido.

La amistad y afección son regalos que han de administrarse con prudencia y equilibrio, pues no todo el mundo merece de nuestras atenciones ni nosotros experimentar la decepción de manera continuada en nuestras carnes.

He descubierto que me gusta la cerveza de trigo y que la salsa que acompaña a las salchichas Berliner pega más que una pinta de Paulaner.

Ojalá fuese persona constante y prolífica en el arte de escribir.

Me queda mucho por aprender.

Sonando: Dead Can Dance – The Song Of The Sybil

A veces, demostrarle a alguien nuestro afecto es tan sencillo como llevarte a ese alguien a comer a un buen restaurante.

El Real Café Bernabéu es un restaurante-café ubicado dentro el estadio Santiago Bernabéu, al que se accede a través de la puerta 30 del estadio. Entre semana es posible que no se llene, pero, en fin de semana, siempre es aconsejable hacer una reserva para asegurarse mesa. Sólo durante los meses de verano es posible disfrutar de la terraza instalada sobre el fondo sur de la grada, lo que hace muy grata la estancia, sea esta para almorzar o, simplemente, tomar una copa, dadas las espectaculares vistas que ofrece el campo.

El estadio visto desde el Real Café Bernabéu

El estadio visto desde el Real Café Bernabéu

Terraza de verano del Real Café Bernabéu

Terraza de verano del Real Café Bernabéu

Lamento no poder ofrecer fotos de los entrantes, pues olvidé tomarlas, pero fueron los siguientes:

Ensaladilla rusa “versionada”. Buena, es preferible probar otros entrantes de la carta con algo más de glamour. Precio: 12,50€.

Croquetas Caseras de Jamon de Bellota. No pude probarlas, pues las cosas elaboradas con lácteos de vaca no me sientan bien, pero quienes las probaron me confirmaron que eran muy buenas. Precio: 12,50€.

Patatas bravas. Las bravas de toda la vida pero mucho más originales y con una salsa picante realmente buena. Precio: 12€.

Como plato fuerte tomamos:

Entrecot avileño

Entrecot avileño

El entrecot avileño resultó ser un plato bastante generoso de carne, aunque quizás algo dura. Precio: 20€.

Bacalao con verduritas

Bacalao con verduritas

El plato de bacalao y, en general, todos los platos de pescado que se servían, eran notablemente más pequeños que los de carne. Por ello, en tanto el local no cambie la política y sirva raciones algo más grandes, lo más acertado es optar por la carne. Precio: 18€.

Hamburguesa especial Real Café Bernabeu

Hamburguesa especial Real Café Bernabeu

Hamburguesa especial Real Café Bernabeu. Elaborada con carne de Kobe sobre una base de tomate, lechuga y queso de cabra, la acompañan con unas brochetas de patatas fritas y aliño de mayonesa, ketchup y mostaza. El aliño resulta algo escaso pero, seguramente, es mejor así, pues nos permite apreciar mejor el sabor del Kobe sin llegar a enmascararlo. Precio: 20€.

Para beber quise satisfacer mi curiosidad pidiendo una Pepsi al más puro estilo del Niño Torres pero, como no tenían, hube de conformarme con una Coca-cola. Precio: 3€.

Si pides una cerveza quedarás contento pues te la pondrán en vaso ancho y muy fresquita. Precio: 5€.

El pan y el agua son algo caros. El servicio de pan cuesta 2,75€ y es bastante pequeño, por lo que os recomiendo o no pedir pan, o bien pedir muy poco. El agua embotellada es de la marca Solán de Cabras y cuesta 4,50€ la botella.

Café. Precio: 2,50€.

En general raciones pequeñas y precio elevado, pero, pese a todo, recomiendo la visita por la gran calidad de sus productos y sus increíbles vistas, tanto de la edificación en la que se enmarca, como de las camareras de la zona de copas, bien merecedoras de ser declaradas monumento nacional.

Sonando: Rasputina – Holocaust of Giants

Soy usuario de Partigi, red social donde cualquiera puede crearse cuenta e ir anotando los títulos cinematográficos que visiona. Hasta ahora mis críticas cinematográficas se quedaban en breves comentarios allí; sin embargo, a partir de ahora, voy a aprovechar el espacio que mi propio blog me ofrece, para criticar, desde mi perspectiva de simple espectador y de completo profano de las artes cinematográficas, cada una de las películas que vea.

Abro, precisamente, esta sección con un título relativamente moderno y que, sin duda, debió haber atesorado un mayor éxito del que realmente obtuvo, pues habría de serle “robado” por títulos posteriores que tomaron prestados muchos elementos de éste.

Dark City

Las películas son como las semillas; dependiendo de en qué tierra caigan, echan raíz y se desarrollan con éxito o, sencillamente, no encuentran terreno donde crecer y perecen al poco. Algo parecido sucede en la sala de cine, donde cada espectador es un pequeño trozo de tierra, más o menos propicio, donde la película en emisión lucha por calar y echar raíz. “Dark City” —que no confundiremos con Ciudad en sombras (1950)— logró hacerlo en mí, siendo, sin lugar a dudas, una de las pocas películas favoritas de mi juventud, por la que siempre he sentido una gran atracción y que siempre visionaré gustoso, por mucho tiempo que pase.

Auténtica película de culto, mezcla géneros como la ciencia-ficción, el cine fantástico y el cine negro. Destaca por su estilismo visual propio de los años cuarenta, sus colores apagados, su iluminación tenebrosa y la técnica del claroscuro, con los que consigue crear la atmósfera lúgubre, sombría y misteriosa que envuelve a “Dark City”. Sus principales bazas son la intriga y la oscuridad, y con ellas atrapa al espectador en su asiento desde el primer hasta el último minuto de la película.

Curiosamente la acción no comienza con el protagonista, sino con un secundario. Un cielo estrellado y los conturbadores acordes de la música, unidos a la voz susurrante, pausada y, a ratos, trémula de Kiefer Sutherland, en el papel del inquietante Dr. Daniel P. Schreber, abren la película para meternos en situación. Mucha gente gusta de ver las películas en versión original, sin darse cuenta de cuánto poder expresivo ganan éstas con las voces de nuestros actores de doblaje al español. Un claro ejemplo de esto lo tenemos en el personaje del Dr. Daniel Paul Schreber.

Ahora la cámara nos introduce en la escena a través de una ventana de ojo de buey. Estamos en un cuarto de baño mal iluminado. Suciedad, deterioro; es un auténtico cuartucho. Sus azulejos, su color, a partes oscuro, a partes claro; la tenue luz en movimiento que oscila en el techo; todo comienza a imbuir al espectador en esa creciente sensación de oscuridad que se prolongará a lo largo del film, y en la que nuestro protagonista despierta, aturdido, confuso… asustado.

No recuerda su nombre. Quién es, por qué está ahí y si lo que ve es real o no es algo que deberá averiguar por sí mismo. Para mi gusto, la mejor interpretación de toda la carrera cinematográfica de Rufus Sewell, actor por cuyos personajes rara vez he sentido la más ligera simpatía, y que, inevitablemente, he terminado transplantando también a su persona. Quizás sus rasgos sean más apropiados para los múltiples papeles de villano, y no de héroe, que ha interpretado; y, de ahí, mi antipatía hacia él. Sin embargo, en esta cinta, con su aspecto desencajado, consigue que, incluso un detractor suyo como yo, sienta empatía y simpatía por él en el papel del ciudadano John Murdoch.

La amante esposa, Emma Murdoch, cantante de cabaret —lo que recuerda en cierta medida al personaje femenino de “Dark City” (1950)— cree y confía en la inocencia de su marido desde el primer instante. Interpretada por Jennifer Connelly, el de Emma Murdoch es un personaje un tanto insulso y, hasta cierto punto, superfluo en la historia de no ser porque su ausencia no sabría ser cubierta muy bien.

El policía, Frank Bumstead. Quisquilloso y metódico, lleva una vida solitaria en la que sólo le acompaña un acordeón recuerdo de su madre, con el que toca Siniy Platochek, una triste melodía soviética de la Segunda Guerra Mundial. William Hurt está soberbio en el papel de este racional y solitario policía.

La puta. May. Las pocas luces de la calle del Automat iluminan sus rubios cabellos que, inevitablemente, resaltan en medio de la oscuridad circundante que todo lo consume. Sabiéndose contemplada, clava en él su mirada traviesa mientras lleva un cigarrillo a sus labios carmesí. Sonríe mientras se aleja; será suyo esa noche. Dispuesta a atraerlo hacia sí, entra en el Automat y rescata a nuestro protagonista de una situación apurada con la policía. Lo conduce a su apartamento, a su tela de araña. La ropa es rápidamente sustituida por las curvas femeninas al otro lado de una cortina de cuentas y lentejuelas, y donde antes había un sujetador ahora se muestran sonrosadas areolas, y un pecho turgente y bien proporcionado. Huele arrebatadoramente bien en su desnudez de mujer aunque no lo podamos percibir. Melissa George está realmente preciosa es esta secuencia del film.

Por el lado de los ocultos destacan Richard O’Brien como el señor Mano y Ian Richardson como el señor Libro.

Un buen título de ciencia-ficción, cine fantástico y cine negro que no decepciona, que os recomiendo ver y con el que se cumple, a diferencia de Matrix, aquello de: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno.”

Jul
4

Ella es así

Como muchos, fui bautizado en la religión cristiana y, aunque falto bastantes domingos a la iglesia por perezoso, me confieso creyente y católico.

De joven desarrollé una acentuada vergüenza pública debida, en gran parte, a mi timidez. Me avergonzaba, por ejemplo, que la gente me mirase mientras almorzaba en un restaurante. Solía pensar entonces que, o mis gestos eran torpes o bien denotaban mi falta de educación en la mesa. Me ruborizaba también cuando, al levantar la vista del papel en la biblioteca, mi mirada sorprendía a la de alguna chica guapa contemplándome.

Afortunadamente, el tiempo, esa medicina que madura a los niños convirtiéndoles en hombres y que es capaz de aliviar casi todas las heridas, me hizo ver la falta de sentido de esa vergüenza pública que sentía. Sin embargo, muy recientemente corro el riesgo de sentir, de nuevo, una ligera vergüenza en la iglesia cuando, inevitablemente y previo al comienzo del acto litúrgico, mi madre, de la manera más inoportuna posible, aunque, eso sí, con su mejor sentido del humor, dirige mi atención hacia ciertos rasgos físicos y de personalidad de las personas físicamente próximas a nuestro asiento.

—Mira, ese chico es un poco tontito y es hijo de aquel señor. Vienen todos los domingos. ¿Sabes? Tienes suerte de que no se te haya sentado delante, porque a mí me lo hizo el domingo pasado y entonces no hay quien pueda prestar atención a la eucaristía; el muchacho se vuelve y se te queda mirando fijamente sin decir nada, y sólo cuando el padre le agarra de la mano, el muchacho vuelve a mirar hacia delante.
—Sí, mamá.
—Mira, y a aquel chico de allí le dan siempre la bolsa para recoger limosna.
—Sí, mamá.
—¡Mira! ¡Mira! La chica de delante lleva un pantalón de cintura baja y se le ve toda la raja del culo.
—¡Anda! Pues es verd… ¡Mamá, no me líes! ¡Por favor, déjalo ya! La celebración está a punto de comenzar y, lo que es peor, ¡pueden oírte!

Mi madre es así; no se da cuenta de que no habla tan bajo como cree y que no es necesario un oído fino para escucharla. ¡Cualquier día la lía parda y nos llevamos un sofocón!

Sonando: Keren Ann – “In Your Back”

Jun
26

Esperanza

La gente comenzó a salir a la calle y ya no era uno ni dos ni tres, sino una multitud la que, contagiada de un mismo sentimiento, marchaba a su lado mientras miles de pequeñas y tímidas sonrisas se dibujaban desde lo más hondo.

Y de repente,
un beso
y en ese beso,
atrapados para siempre
como insecto en cristal de ámbar,
miles de sentimientos y emociones;
el palpitar de toda una nación.

Pero no es sólo un beso,
es lo mejor del hombre,
todo lo bueno que lleva dentro de sí
y le da esperanza.

Cuando un gesto encierra tales sentimientos es muy difícil sustraerse a él.

Photo by Alfred Eisenstaedt, taken on V-J Day, 1945 (from Life Magazine).

Photo by Alfred Eisenstaedt, taken on V-J Day, 1945 (from Life Magazine).

A veces, yo mismo me sorprendo por lo mucho que me conmueve esta fotografía de Alfred Eisenstaedt tomada el 14 de Agosto de 1945 en Times Square, día de la victoria sobre Japón.

Una vida insatisfactoria puede hacer que nos falte el aire; entonces, para no asfixiarnos, sentimos la necesidad de dejar atrás aquello que nos arrastra hacia el fondo, lejos de la claridad de la superficie; de cambiar nuestras vidas y, si esto no es posible, de cambiar las pequeñas cosas que nos rodean.

Como en una noche de San Juan, en la que quemamos todo aquello que queremos dejar atrás, retiro los contenidos de mi blog para, con este pequeño cambio, iniciar una nueva etapa.

Algún día, en la pared de una casa que pueda llamar enteramente mía, colgaré una reproducción a tamaño natural de esta fotografía y me sentaré, en silencio, a contemplarla para que también una tímida sonrisa se dibuje en mí desde lo más hondo.

Sonando: Anne Clark – “Poem Without Words 2 – Journey By Night”

El autor

Engineer. Asocial.  Fanboy. I ❤ literature, Goethe, classic & WW2 movies, Pre-Raphaelite paintings, music & art.

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